Hace ya 76 años se celebraron unas elecciónes democráticas en nuestro país (semi-democráticas, recordemos que no votaban las mujeres). Las candidaturas se dividían entre las de partidos "republicanistas" (liberales, radicales, socialistas, libertarios, comunistas...) y Monárquicos (conservadores, católicos, y militaristas). La victoria pro-republicana fué aceptada por el Rey Alfonso XII, que abandonó un pueblo que, por primera vez en su historia, tomaba las riendas de sus designios. Tomaba conciencia democrática y DECIDÍA su futuro.El proyecto que entonces se puso en marcha no tiene comparación con ninguna otra época de nuestra historia:
La educación como piedra angular de la construcción social del país (la ciudadanía). Las igualdades en derechos (voto a la mujer, redistribución de la renta, eliminación de privilegios elitistas...), las libertades (estatutos de autonomía, una Constitución sin igual en nuestra historia...) y las bases de un Estado Social sólido, fueron cuestionadas desde el primer día por la derecha española. Si podía, derribaría la República (Sanjurjo primero, Paquito y sus chicos después), y si no era necesario, utilizaría el legítimo poder republicano para imponer su política (tan oscura, tan vacía, tan Auswitz, tan CEDA) aún siendo radicalmente contraria a la Constitución.
Supuso la puesta en práctica de un proyecto reformista (no lo olvidemos, ningún leninista presidió la República) que intentó reformar las estructuras sociales, económicas y políticas de un país cuyo atraso era evidente y terrible desde...¿el 98? más atrás, quizás. Pero el proyecto reformador, el proyecto republicano, tubo enemigos tempranos. Y así se explicó, por ejemplo, el fracaso de una reforma agraria tan necesaria como social, que los grandes terratenientes se negaron a aceptar, pese a ser legítima, legal, y positiva para la economía en general (pero claro, para las clases desfavorecidas en particular).
Pero ahora se no ha impuesto una tramposa interpretación de la democracia: una interpretación según la cual había dos Españas, las dos igual de malas y buenas, según se mire, que, tras la muerte del Asesino-Dictador, se unieron en amistosa armonía y crearon la primera verdadera democracia de España. Esta interpretación, no lo olvidemos, es la misma según la cual, las reformas republicanas eran "radicales" y "peligrosas", hacían mucho daño a los cristianos y a quienes no eran de izquierdas, y por eso, un buen día, iluminado por la Gracia Divina, Franco se alzó en armas y todo acabó en una guerra entre las 2 Españas (la malvada España militar-franquista y la malvada España ultra-progresista), una guerra entre hermanos, una guerra entre iguales, una guerra civil temible que venció la España nacional-católica, y por ello, se impuso su régimen.
La trampa está en que las 2 Españas nunca fueron "iguales". Estubo siempre la España imperial, católica, anti-masónica, conservadora, reaccionaria y filo-fascista (la de los ricos, la de los terratenientes, la de la Monarquía, la de la Iglesia, la de la derecha), que siepre llamó anti-España a la de los liberales, los afrancesados, los comuneros, los judíos, y al fin, los republicanos, los socialistas, los comunistas, los separatistas. La España de los agresores y la España de los agredidos.
Una de esas 2 siempre quiso que el progreso dictara un futuro feliz para todos. La otra, sólo se esfuerza en demostrar quiénes deben de estar "dentro" y quiénes deben quedar excluídos de su idea de España. Una de las dos rozó la utopía con sus dedos, la otra destruyó la utopía de forma ilegal, ilegítima e irracional.
Este sábado, 14 de Abril, demos un ejemplo de civismo, de democracia radical, de libertad, de republicanismo. El Estado Democrático, Social y de Derecho es nuestro. Ya no nos sirven los consensos obligados de la Transición. Queremos toda la Democracia. Queremos progreso, libertad, e igualdad, pero sobre todo,
DIGNIDAD.
¡Salud y República a todos!